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El pasillo de Fuente Barda Un estrecho desfiladero une las localidades burgalesas de Arauzo de Miel y Doña Santos
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02.05.08
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| Arroyo de Fuente Barda, en el sendero de Pinarejos de Arauzo de Miel. / FOTOGRAFÍAS: JAVIER PRIETO |
DE INTERÉS
Los horizontes en los que se enclava la localidad burgalesa de Arauzo de
Miel son territorios de frontera. De hecho, en sus lindes se fusiona el
paisaje y la cultura de una sierra de la Demanda que por aquí pierde sus
últimas estribaciones con los páramos jugosos de una ribera del Duero que
aquí se difumina perdida entre inmensos pinares y callejones de caliza.
Según uno se abra hacia el norte o hacia el sur tendrá la sensación de haber
estado viajando por comarcas diferentes. Tanto es así que este territorio
fronterizo, hecho de fusión y mezclas, dibuja por sí mismo una subcomarca
propia, los Arauzos, en la que se agrupan Arauzo de Miel, Arauzo de Salce,
Arauzo de Torre y Aranzuelo.
Dicen quienes bucean en el proceloso mar de las etimologías toponímicas que el nombre de estas localidades deriva de la existencia, a finales del siglo X, de un asentamiento conocido como Arabuzo, posible fundación de un caballero leonés o gallego del mismo nombre metido en tareas de repoblación en tiempos del conde García Fernández (siglo X). Muy cerca de Arauzo de Miel, a dos kilómetros por la carretera que se dirige a la localidad de Doña Santos, se abre el estrecho pasillo rocoso labrado por un arroyo de caudal más que humilde pero, a la vista de la tarea realizada, poderoso para dibujar curvas y profundidades sobre las durezas de la roca caliza. El recorrido por el fondo de este pasillo da la oportunidad de un corto y entretenido paseo, al tiempo que propicia la visita a Doña Santos, donde el desfiladero se abre y se desdibuja. El inicio es fácil de localizar por el lado izquierdo de la carretera, en el punto en el que una presa de reciente construcción refrena las aguas de este arroyo con mucha más contundencia de la que cabe suponerle a un torrente tan menguado que, en la mayor parte del desfiladero, es sólo el cauce seco que sirve ahora de camino. Una fuerte rampa de tierra conduce desde la carretera hasta el lecho del arroyo, que se cruza sin dificultad para iniciar el recorrido de este pasillo natural por su orilla derecha, aguas arriba. Aunque es imposible perderse, el paseo está jalonado de vez en cuando por señales verdiblancas (unas veces) y verdiamarillas (otras) del sendero señalizado de pequeño recorrido PRC-BU 75 que realiza un giro mayor por este privilegiado entorno boscoso con salida y llegada en Arauzo. En unos diez minutos desde la presa, el paseo alcanza unas llamativas paredes verticales y lisas, alfombradas en su base por un mullido de hierba, de recorrido tentador para los escaladores. De ahí en adelante el paseo se entretiene pasando sobre el cauce seco una y otra vez, cambiando de orilla y admirando el porte de algunas de las sabinas, muchas veces centenarias, que tanto abundan en todo el recorrido. A no ser que se continúe el circuito señalizado, conocido como Sendero de Pinarejos, el regreso se realiza por el mismo pasillo rocoso, si bien el descubrimiento de nuevas perspectivas ilusiona tanto como en el trayecto de ida. La localidad de Arauzo merece también un corto paseo por su casco urbano, con alguna buena muestra de arquitectura serrana y algún que otro escudo de porte nobiliario, retazos de un pasado en el que la localidad ejerció un notable influencia en su entorno más inmediato. En alto sobre la localidad destaca especialmente la iglesia de Santa Eulalia. En el siglo XV se construyó sobre los restos de un anterior templo románico. Su llamativa portada, más propia de un palacio que de la entrada a un templo, aparece protegida por un gran arco triunfal de medio punto. Junto al templo y por debajo de él asoman las bocas de un nutrido grupo de antañonas bodegas. info@javierprietogallego.com |
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